Cine y Valores

El congreso

Título original: 
The Congress
Puntuación: 
5

Average: 5 (1 vote)

Publico recomendado: 
Año: 
2013
Dirección: 
Guión: 
Fotografía: 
Música: 
Distribuidora: 
Duración: 
122
Contenido formativo: 
Crítica: 


Robin Wright, que se interpreta a sí misma, es una famosa actriz en el declive de su carrera. Se la recuerda por sus brillantes papeles protagonistas en películas como LA PRINCESA PROMETIDA y FORREST GUMP, pero se apartó del mundo del cine para cuidar de sus hijos, uno de los cuales padece la grave enfermedad conocida como síndrome de Usher. A sus cuarenta y pocos años, apenas si le ofrecen papeles y, en todo caso, de muy poco interés. Inesperadamente recibe una curiosa oferta de los grandes Estudios Miramount: Proponen comprarle su identidad cinematográfica, es decir, la propiedad exclusiva del personaje “Robin Wright”, con el compromiso de no actuar en ningún otro escenario del mundo. La escanearán digitalmente con todas sus expresiones posibles, desde la carcajada más alegre, hasta la tristeza más profunda, y el resultado será el material necesario para ser replicada en nuevas películas gracias a los ordenadores. A cambio recibirá una elevada suma de dinero y los Estudios se comprometen a no dejar envejecer al personaje, mantenerlo siempre joven en sus películas. El contrato tiene una duración de veinte años.
Transcurrido ese tiempo, Robin Wright es invitada al gran Congreso de los Estudios Miramount. Allí se va a enfrentar a una prueba todavía más dura y sorprendente: el personaje cinematográfico “Robin Wright” creado por los ordenadores deja de ser una imagen computerizada para pasar a ser una fórmula química que cualquiera podrá consumir. Es el mundo del cine fantástico del futuro llevado a sus últimas consecuencias.
La película consta de dos partes muy diferentes, separadas por los 20 años de vigencia del contrato. La primera, rodada con actores de carne y hueso resulta muy interesante y prometedora. Atrapa bien la atención del espectador, que espera mucho de los temas que se anuncian: el libre albedrío, el paso de la edad, la muerte, el sentido de la vida, la manipulación del hombre por el hombre, las relaciones humanas virtuales… Y hasta la vieja historia de vender el alma al diablo a cambio de la eterna juventud. Pero el siguiente tramo del filme, realizado con técnicas de animación, resulta confuso, reiterativo y excesivamente largo, hasta el punto de hacerse pesado. Ninguno de los temas aludidos se tratan con el más mínimo rigor y, al final, lo único que queda es un sutil mensaje desesperanzado y nihilista sobre el hombre, la libertad y el valor de la vida.
Robin Wright encarna perfectamente a su propio personaje, en un recurso muy logrado para confundir realidad y ficción. El resto de los actores resultan también convincentes en sus respectivos papeles. EL CONGRESO es una película que sorprende, con escenas bellísimas, pero que acaba decepcionando, porque prometía mucho más de lo que acaba ofreciendo.