Cine y Valores

Yo, Tonya

Título original: 
I, Tonya
Puntuación: 
7

Average: 7 (1 vote)

Publico recomendado: 
País: 
Año: 
2017
Dirección: 
Guión: 
Fotografía: 
Música: 
Distribuidora: 
Duración: 
119
Contenido formativo: 
Crítica: 

[Crítica cedida por Pantalla 90] Falso documental sobre Tonya Harding, la famosa patinadora americana, sospechosa de haber participado en la organización de una agresión a su gran rival Nancy Kerrigan, en 1994, cuando se estaban organizando los Juegos olímpicos de invierno. Tonya era extraordinaria sobre los patines -fue la primera estadounidense que llegó a realizar un salto triple axel-, pero su aspecto ordinario y su talante antisocial no resultaban apropiados para la imagen de la «familia americana idílica» que se esperaba de los deportistas que representaran al pais en los los JJ.OO. En consecuencia el comité olímpico no se decidía a seleccionarla, a pesar de ser la mejor desde un punto de vista puramente deportivo. En tal situación, Kerrigan era la única alternativa posible y, por tanto, constituía el obstáculo para que Tonya pudiera ser clasificada. Su marido, el impresentable Jeff Gillooly, con ayuda de su amigo Shawn Eckhart, no tuvo mejor ocurrencia que utilizar la violencia para neutralizar a Kerrigan. El suceso salió a la luz y marcó el destino de Tonya Harding, cuyo nombre quedó por siempre relacionado con el mayor escándalo de la historia del deporte.

 En contra de lo que se podría esperar, Craig Gillespie no se centra en el hecho de la agresión, sino que prefiere seguir el decurso de la vida de Tonya desde sus cuatro años hasta la cuarentena. Y no sólo muestra la increíble trayectoria deportiva de la mítica patinadora, sino que sigue también su itinerario personal. Su padre la abandonó siendo muy niña y la dejó sola con su madre, una mujer retorcida, fría y cortante como el acero, que la trataba con una exagerada severidad, rayana en la crueldad, sólo interesada en que su hija triunfara con los patines. Nunca tuvo ni el más mínimo rasgo de cariño con su hija y ésta, para sobrevivir con esa triste soledad interior, no tuvo más remedio que forjarse un carácter áspero y combativo, que explica en parte la arrogancia con la que trataba a todo el mundo, y que la hacía aparecer tan antipática a los ojos de los demás. Ni en su niñez ni en su juventud, jamás tuvo un amigo ni una relación de afecto con nadie hasta que, muy joven todavía, se casó con Jeff Gillooly, un hombre oscuro y violento, que tomó el relevo de la madre en el maltrato psíquico y físico.

Entrevistas de Tonya Harding y Jeff Gillooly, que recuerdan los acontecimientos al cabo de unos años, entrelazadas con el hilo argumental de la película, contribuyen a desdibujar al máximo la tenue frontera entre lo real y lo ficticio, entre la Tonya de carne y hueso y la Tonya-Margot Robbie del guion cinematográfico. Margot Robbie está magnífica encarnando a Tonya y consigue suscitar una cierta empatía en el espectador, que la acaba viendo, más que como culpable, como la pobre víctima de su entorno. De hecho, todo el reparto es impecable, pero sobre todos ellos, brilla con luz propia Allison Janney en uno de los mejores papeles de su carrera

Craig Gillespie consigue un perfecto equilibrio entre humor, emoción y movimientos de cámara capaces de reproducir las increíbles figuras realizadas por la patinadora y, además, tiene el valor de tratar abiertamente de cuanto rodea las posibilidades de promoción de un deportista en EE.UU., que no se resumen en alcanzar la excelencia en su deporte, sino que se le exige además una buena imagen, con el fin de representar mejor a su país. El resultado no es, pues, un biopic clásico, sino una comedia, cruel y violenta sobre la historia sorprendente de una mujer que rozó un destino excepcional pero que acabó hundiéndose en el pozo del circo mediático. Sin duda hay muchos motivos para no perderse la película.