Cine y Valores

Faraway Land

Título original: 
Faraway Land
Género: 
Puntuación: 
8

Average: 8 (1 vote)

Publico recomendado: 
País: 
Año: 
2018
Intérpretes: 
Distribuidora: 
Duración: 
78
Crítica: 

LA AMISTAD LLENA LA VIDA DE LUZ

Atenas, 2017. Desde el año 2015, Grecia ha sido la puerta de entrada en Europa para cientos de miles de refugiados, la mayor parte de ellos procedentes de Siria y Afganistán. Pero el tratado entre la UE y Turquía de marzo de 2016 supuso el cierre de fronteras que hacía casi imposible el salto desde Grecia a otros países de Europa y con ello, más de 62000 quedaron materialmente atrapados en el país, en una espera sin esperanza de obtener sus permisos. Otro efecto del tratado fue el cambio de las rutas migratorias, que empezaron a dirigirse directamente al continente desde las playas del sur de Italia. En consecuencia el foco de atención ya no está en Grecia y esos miles de refugiados allí confinados son los grandes olvidados.

Unos viven en campos de refugiados, algunos en pisos de alquiler y otros en locales «okupas». Pero el drama es el mismo: no tienen nada que hacer, porque no hay posibilidad de avanzar. Llegaron soñando con una vida «normal» y sólo pueden esperar, no tienen alternativa, sabiendo que el plazo medio de estancia en un campo es de ¡17 años! Salieron de su tierra para no morir y aunque han logrado sobrevivir, se han quedado sin vida.  

Anthony de Mello, en su libro Un minuto para el absurdo, destacaba la importancia de tratar a la persona en el nivel que le corresponde por su dignidad personal, y no limitarse a atender sus urgencias materiales, y hacía referencia al derecho del ser humano a la justicia y la belleza, lo cual equivale a decir derecho a los grandes valores, como la bondad, la verdad y muy especialmente, derecho al amor. Y este es justamente el enfoque de este interesante documental: el valor de las relaciones humanas. Desde España y otros países se hacen llegar donaciones sin duda muy necesarias, pero lo que les da sentido, lo que las convierte en verdadera «ayuda humanitaria» son las manos tendidas y los brazos abiertos de los voluntarios.

 Daniel A. Azpe y Josepmaria Anglès nos dejan ver la realidad de las pateras y de los campos de refugiados, pero sin detenerse en ellos, porque orientan el foco hacia personas concretas, de carne y hueso. Entre algunas tramas y subtramas, van trenzando tres historias conmovedoras: Dalal, una madre con sus cuatro hijos pequeños, que quisiera reunirse en Suecia con su marido; Kabir, un joven afgano, que colabora con los voluntarios y acaba enamorándose de Gloria, una voluntaria española; y Hussain, un joven artista sirio con un inmenso talento, y nos dan a conocer a varios voluntarios: los españoles Patricia Colon, Gloria y Antonio, la canadiense Sarah, que trabó amistad con Dalal; Genny, que le facilitó a Hussain material para dibujar; Kerry, que reparte comidas a los refugiados y también a los griegos necesitados…

Cuando Dalal explica su propia experiencia, en realidad nos da a conocer la realidad de la admirable actitud de los voluntarios. Nos dice que cuando Sarah conoció su situación, la abrazó y lloró con ella. Y añade que, al verla tan apurada, Sarah y otras «que eran como ángeles» empezaron a visitarla con frecuencia para hacerle sentir su cercanía, su amistad, su cariño. Fue decisivo para ella, porque, como explica Patricia Colon, «los refugiados quieren compañía, cariño, saber que no están solos, que hay alguien apoyándolos».

La película es un magnífico documento para conocer la realidad de esas personas: refugiados y voluntarios. Nos habla del valor del arte para elevar el ánimo de los infortunados, y los vemos cantando en un coro, o tocando la guitarra. Y nos habla del valor del encuentro personal para dar sentido a la vida aun en circunstancias tan penosas. Y de la cercanía y el cariño comprometido para que sepan que nos están solos, que el mundo «no los ha olvidado».

Faraway Land es una oda conmovedora a las relaciones humanas valiosas entre voluntarios y refugiados. Pero es también un revulsivo para concienciarnos sobre la realidad de tantas personas menesterosas que llaman a nuestra puerta porque necesitan, no sólo pan, sino, sobre todo, calor humano y dignidad. Ciertamente debemos abrir nuestros bolsillos y sacudir nuestras comodidades materiales, pero muy especialmente hemos de sacudir nuestro egoísmo anquilosado, abrir nuestro corazón y nuestros brazos.  

Hay que felicitar a Daniel A. Azpe y Josepmaria Anglès por una obra tan bien realizada, tan interesante y motivadora.