Cine y Valores

El hombre que inventó la Navidad

Título original: 
The Man Who Invented Christmas
Puntuación: 
8

Average: 8 (1 vote)

Publico recomendado: 
País: 
Año: 
2017
Dirección: 
Fotografía: 
Música: 
Distribuidora: 
Duración: 
104
Crítica: 

LOS FANTASMAS COBRAN VIDA

En 1843, el célebre autor británico Charles Dickens está atravesando un momento muy difícil de su carrera, tras el fracaso de sus tres últimas novelas. Sin dinero, cargado de deudas y con una numerosa familia que mantener. De casualidad, oye cómo Tara, una de las criadas de la casa, les está contando a los niños una historia de Navidad propia del folklore irlandés. De súbito se le enciende una luz: escribirá un cuento de Navidad. Presenta su proyecto a algunas editoriales, y todas rechazan su proyecto. Nadie cree que en el breve plazo que queda antes de la Navidad -tan solo seis semanas- la obra pudiera estar escrita, impresa y dispuesta para la venta.

Pero Dickens necesita urgentemente un éxito que le proporcione ingresos, la supervivencia de su familia está en riesgo. No se lo piensa mucho, tiene plena confianza en su idea y en su capacidad de llevarla a buen fin, y decide financiar él mismo la edición, con el mejor ilustrador (también el más caro) y una buena encuadernación. El riesgo es enorme porque supone una gran inversión de la que él mismo se hace garante. Empieza entonces una carrera contra reloj… y contra los problemas económicos y personales de su entorno familiar.   

El cuento «A Christmas Carol» de Charles Dickens ha tenido múltiples adaptaciones a lo largo de los años, al cine, al teatro, televisión, etc. En este caso, tomando como base la obra homónima de Les Standiford, la adaptación de Susan Coyne, dirigida por el director de origen indio Bharat Nalluri, narra el proceso de creación del libro de Dickens.  Pero el resultado es que el interés de la película va más allá de la gestación del «Cuento de Navidad», se puede hacer extensivo al proceso creativo de un autor en general.

La obra literaria surge del encuentro del autor con un ámbito de realidad que penetra en lo más profundo de sí mismo y se entremezcla con sus propias vivencias y experiencias. Entonces la idea y los personajes pugnan por nacer y, para ello, como en las contracciones de un parto, «inspiran» y mueven al autor para que escriba. En el film, ante el espectador se despliega la mente y el inconsciente de Dickens. Descubrimos sus fantasmas del pasado, agazapados en su inconsciente: comprendemos que Dickens, como su Oliver Twist, fue hijo de su infancia triste, cuando siendo un niño tuvo que trabajar en una fábrica de betún y sufrir mil penalidades, a causa de la irresponsabilidad de su padre.

Al hilo de su escritura, los personajes cobran vida en su imaginación, asumen protagonismo y contribuyen a ir dando forma a su historia. Es una auténtica delicia ver en carne y hueso a los espíritus de la Navidad pasados y futuros campando por las estancias de Dickens, interiores y exteriores, su mente y su gabinete de trabajo. Y, sobre todo, es de lo más interesante contemplar al inimitable Ebenezer Scrooge, el viejo avaro egoísta, dotado de una fina ironía que lo humaniza, lo hace comprensible y cercano y evita que sea tan desagradable. Scrooge, el personaje literario vivo y activo en la imaginación del autor, en realidad encarna la parte oscura de Dickens, donde alberga todavía el rencor hacia su padre por la infancia que le robó. Pero al que, sin embargo, nunca dejó de querer con toda su alma. Y es Scrooge el que finalmente llevará al autor a reconciliarse con su padre para poder así terminar con sentido la obra sobre la Navidad.

También reconocemos algunas réplicas del cuento en la vida cotidiana de Dickens, como si esas frases hubieran saltado de la existencia real a su pluma y las hubiera integrado en su relato.

El elenco está muy bien elegido y realizan todos un trabajo espléndido. Dan Stevens, conocido por su papel del heredero Matthew Crawley en la famosa serie «Downton Abbey», hace un magnífico trabajo trasluciendo la actividad creativa del escritor, cuando intuición, imaginación y trabajo riguroso se convierten en una fuerza motriz, que casi parece rozar la insania. Pero al actor también expresa la ternura y la preocupación por los suyos, el gran amor que profesa a su familia. Le da la réplica el oscarizado actor Christopher Plummer, que hace un Scrooge extraordinario. Consigue que ese hombre frío, incapaz de amar ni compadecerse, resulte hasta afable y que sea su fantasma encarnado en la mente del autor quien acabe orientando el final feliz del «Cuento de Navidad». El espíritu de la Navidad, que significa amor, fraternidad, perdón y solidaridad, acaba triunfando y sembrando felicidad. No hay ninguna alusión religiosa en la historia, pero, sin duda, los valores que propugna son aquellos que trajo al mundo el Niño de Belén.

En conjunto, es una película muy grata, que renueva el sentimiento amable de amor universal, armonía y solidaridad, que Dickens imprimió a su «Cuento de Navidad». Una buena propuesta.