Cine y Valores

La última locura de Claire Darling

Título original: 
La dernière folie de Claire Darling
Género: 
Puntuación: 
6

Average: 6 (1 vote)

Publico recomendado: 
País: 
Año: 
2019
Dirección: 
Fotografía: 
Música: 
Distribuidora: 
Duración: 
94
Contenido formativo: 
Crítica: 

POR LOS MEANDROS DE LA MEMORIA

En Verderonne, un pequeño pueblo a pocos kilómetros de París, vive Claire Darling, aquejada de algo que podría ser demencia senil, en una casa señorial en la que ha reunido, a lo largo de su vida, una importante colección de objetos muy valiosos: muebles, lámparas, cuadros, relojes, autómatas, figuras, etc. El primer día del verano, se despierta convencida de que es su último día de vida. Organiza entonces un mercadillo en su jardín, decidida a venderlo todo a precios de saldo. Su hija Marie, advertida de la situación por Martine, una amiga de la infancia, regresa al hogar tras 20 años de ausencia.

Julie Bertuccelli sabe transmitir todo el encanto de esa mansión algo decadente, pero animada por la presencia de tantas piezas valiosas de alrededor de un siglo de antigüedad, reunidas durante toda una vida de pasión por el arte y la belleza. Al deshacerse de ellas a un precio irrisorio, en realidad, Claire quiere liquidar su pasado, borrarlo antes de desaparecer para siempre, desnuda de recuerdos y remordimientos que laceran por dentro. Son las sombras de la muerte de su hijo y de su marido, de su fría severidad con su hija María, que acabó alejándola definitivamente. Sin embargo, nadie puede desprenderse de lo vivido, porque las cicatrices quedan impresas en la piel del alma de forma indeleble. La desoladora soledad de Claire no habita en los objetos, sino en su corazón.

Esa venta improvisada y demencial será el detonante para que en las tres mujeres que confluyen en la casa, la madre, la hija y la amiga de la infancia, se despierte la memoria del pasado, como en un mágico juego de espejos en los cuales cobrara vida lo que fue y que, aunque enterrado desde hace tiempo, se ha resistido a morir. Más que recuerdos que afloran, son visiones espectrales que simbolizan la permanencia viva del pasado en la existencia de cada persona.

 Julie Bertuccelli aborda muchos temas de gran interés, como la relación madre-hija; los objetos que guardamos, que invaden nuestro espacio pero que son testigos (¿mudos?) de una trayectoria vital, que no siempre nos enorgullece; la muerte que nos acecha; la memoria, prima de la inteligencia, que, si bien nos construye, también nos oprime; mientras que el vacío del olvido nos anula y nos llena de tristeza pero, de algún modo, nos libera de una pesada carga. Al principio de la película, la trama promete y nos involucra, pero pronto el desarrollo de la acción se pierde en un intrincado laberinto de vueltas y revueltas entre el presente y el pasado, realidad y ensueño. Y también el espectador se pierde y deja de estar atrapado por la intriga.

Lo mejor de la película es el reparto. La dualidad entre el doloroso pasado y la triste actualidad toma forma en el impagable dúo madre-hija -en la pantalla y en la realidad-, con Martine como testigo de excepción. Catherine Deneuve brilla con luz propia. Sigue siendo la diosa fría y distante, bellísima en su vejez, que presta toda su gracia y su elegancia a la anciana viuda que cubre su decrepitud, delatada por su melena de plata, con un sombrero que la aísla del entorno, mientras un eterno cigarrillo, como se agosta su misma vida, se consume entre sus dedos. Chiara Mastroianni, cada vez más sorprendentemente parecida a su padre, el gran Marcelo, y Laure Calamy -Marie y Martine respectivamente-, así como los secundarios, Samir Guesmi (Amir, el viejo amigo), Olivier Rabourdin (Claude Darling, el marido muerto), Johan Leysen (el padre Georges, de enigmática relación con Claire), realizan todos un buen trabajo. Pero hay que hacer una referencia especial a la magnífica interpretación de Alice Taglioni, que, en los frecuentes flashbacks, nos retrotrae a la juventud perdida de la vieja dama. Estar a la altura de una diva como Catherine Deneuve, confrontándose en el mismo plano, no es tarea fácil, y Taglioni la supera con éxito. 

Una película bien realizada, con una epopeya familiar bastante rara, que empieza bien, pero va decayendo hasta un final tan imprevisible como inexplicadoInexplicado, no inexplicable, porque no se alude a la solución del misterio, no se insinúan las causas y; nunca mejor dicho, todo queda en el aire.