Cine y Valores

Espías desde el cielo

Título original: 
Eye in the Sky
Puntuación: 
8

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Publico recomendado: 
País: 
Año: 
2016
Dirección: 
Guión: 
Fotografía: 
Distribuidora: 
Duración: 
102
Contenido formativo: 
Crítica: 

Con las terribles agresiones que estamos sufriendo por parte del Daesh, resulta oportuno este thriller británico que plantea un dilema ético sobre la licitud de ciertos medios para neutralizar a los terroristas en una circunstancia concreta.
Un grupo de peligrosos terroristas, entre los cuales figura una ciudadana británica integrada en el movimiento Al-Shabaab, que acaba de reivindicar auténticas masacres en dos recientes atentados, son por fin localizados en una casa de Nairobi, en Kenia. Las fuerzas especiales están listas para atacar, pero en el último minuto, los sofisticados sistemas de vigilancia ponen al descubierto la existencia en la casa de poderosos explosivos que van a ser utilizados en otros dos inminentes atentados suicidas. La misión para capturar a los cerebros terroristas debe, pues, ser abortada. La alternativa a cogerlos vivos es matarlos lanzando un potente misil Hellfire sobre el objetivo. Pero en el interior de la casa hay una ciudadana británica y dos ciudadanos estadounidenses, por lo cual hacen falta los permisos de dichos países. Políticos y militares discuten sin saber qué deben hacer, pero el tiempo se acaba y los dos terroristas suicidas llevan ya colocados sus chalecos mortíferos y están listos para actuar. La tensión es máxima y la cosa se complica todavía más cuando en las proximidades de la casa aparece una niña que instala su pobre puesto para vender pan. Este hecho provoca un debate internacional –del cual inevitablemente participa el espectador–, porque detener la operación para salvar la vida de la niña supone que los terroristas podrán salir de la casa hacia sus respectivos objetivos y, probablemente, cientos de personas morirán como consecuencia de su acción. Mientras tanto, un agente local arriesga la vida por tratar a la desesperada de alejar a la pequeña del lugar.
En un bunker británico, La coronel Katherine Powell, una oficial de inteligencia, dirige la operación, en relación constante con su superior, el general Frank Benson, con los pilotos que controlan los drones desde la base en el desierto de Nevada, y con políticos indecisos sobre qué nivel de daños colaterales es moralmente aceptable para poder dar el visto bueno a una misión tan arriesgada y destructiva.
El guion es extraordinario. Hay algunas escenas de acción sobre el terreno, pero la mayor parte de la historia se centra en personajes encerrados en lugares muy distantes unos de otros. Están constantemente en relación pero no se ven entre ellos y todos tienen la mirada fija en sus pantallas, en las que aparece la casa de Nairobi. Sin embargo, Gavin Hood consigue una sensación de ritmo y de suspense que mantiene al público en vilo sin un solo instante de respiro. La discusión avanza contra reloj en busca de una decisión urgente, pero que nadie se atreve a tomar, al mismo tiempo que el espectador, que participa plenamente del dilema, se va formando su propia opinión. Pero, cuando le parece que ya tiene claro qué deberían hacer, de momento surge otro argumento que le obliga a replantearse su postura. Es decir, las dudas y la dificultad para tomar una determinación éticamente convincente, se dan tanto en la mente del espectador como en los personajes que deben tomar la decisión de lanzar o no el misil Hellfire. Y mientras tanto los minutos pasan inexorable y angustiosamente, no queda tiempo para más dilaciones, los terroristas van a salir y la niña sigue allí vendiendo su pan.
Los actores están magníficos, Helen Mirren como coronel de las fuerzas armadas británicas lleva a cabo un trabajo genial. Y lo mismo cabe decir del resto del elenco, Alan Rickman, en su papel de general y tierno abuelo, Aaron Paul como Steve Watts, el piloto que maneja el dron, Barkhad Abdi, como Jama Farah, el hombre clave sobre el terreno, por citar algunos de ellos.
Es una película que interpela, porque obliga a reflexionar y a tomar postura sobre lo que es moral hacer en nombre de la lucha contra el terrorismo, desde un punto de vista militar y político. Y lo que le presta mayor zozobra y desasosiego es pensar que no se está tratando de algo imaginario, no es ciencia ficción, ni concierne sólo a países lejanos, como ha quedado trágicamente patente en los atentados de las torres gemelas, de Madrid, París, o Bruselas. “Espías en el cielo” remueve las conciencias porque nos pone frente a la necesidad de que la defensa del hombre y de la civilización se marque líneas rojas que no se deben nunca traspasar si no queremos despeñarnos al mismo nivel de maldad que las atrocidades que queremos erradicar. Pero, al salir del cine, la gran pregunta es ¿Dónde deben situarse esas líneas rojas?