Cine y Valores

Después de la tormenta

Título original: 
Umi yori mo mada fukaku
Género: 
Puntuación: 
8

Average: 8 (1 vote)

Publico recomendado: 
País: 
Año: 
2016
Dirección: 
Fotografía: 
Música: 
Distribuidora: 
Duración: 
117
Crítica: 

Ryota es un hombre de mediana edad, divorciado y padre de un hijo de 11 años, que empezó una carrera prometedora como escritor, pero en la actualidad es incapaz de seguir escribiendo y mal vive trabajando en una agencia de detectives privados. Todo el dinero que gana lo apuesta en las carreras y no puede ni pagar la pensión alimenticia de su hijo. Su triste realidad profesional y personal es bien distinta de lo que Ryota había soñado en su juventud. Por casualidad, un inesperado tifón obliga a toda la familia a pasar una noche en casa de la abuela y les brinda la oportunidad de replantearse sus relaciones.

Ryota está sometido a su adicción al juego, que es lo que marca la dirección tortuosa de su vida. Pero el gran cierto de Kore-eda Hirokazu es que no dirige el foco al proceso de fascinación por el juego en cuanto tal –salvo algunas breves escenas en el hipódromo–, sino al drama íntimo de un hombre básicamente bueno, con posibilidades de un porvenir profesional brillante y una familia maravillosa, pero que se ha dejado degradar por su dependencia.

Está desgarrado interiormente, porque, si bien desea ardientemente recuperar una vida valiosa con los seres a los que ama, es esclavo de su adicción que lo bloquea interiormente. Ama a su hijo, a su exesposa y a su madre, pero no puede evitar hacerlos sufrir y alejarlos de sí. Siente añoranza y profundos deseos de vivir en el nivel del encuentro personal, pero una fuerza imbatible lo arrastra irremisiblemente hacia niveles inferiores y lo lleva a utilizar a los demás como meros medios para alcanzar sus fines, sin arredrarse ante las mentiras, las extorsiones y las acciones más viles.

Kore-eda Hirokazu no nos muestra la fuerza arrolladora del vértigo como una tragedia grandiosa que aniquila sin piedad a un hombre que absurdamente se dejó seducir por el señuelo de fáciles ganancias y se rindió a su poder sin ofrecer resistencia, sino que la historia se centra en el drama íntimo, cotidiano, del pobre hombre que se ha hecho él mismo esclavo de su vicio y pugna por sobrevivir contra toda esperanza. En el hueco del tobogán, bajo el impresionante tifón, colisionan las vivencias más decisivas de Ryota: sus deseos de recuperar a su familia y sus sueños de juventud tropiezan con el muro infranqueable que él mismo ha levantado con su desorden personal.

Ryota se hace cercano al espectador, que empatiza y hasta llega a identificarse con él, porque ve cómo el lado bueno del personaje pugna constantemente con la inclinación egoísta. Esta lucha entre el bien y el mal en lo más profundo de cada uno es la vida misma, el pequeño o gran drama frente el que todo hombre tiene que optar.

La última escena deja abierto el futuro de Ryota, la posible transformación de su vida. No creen en ello el resto de los personajes, habituados como están al hombre seducido por las apuestas, pero sí el espectador, porque, en cierto modo, en la pantalla se dilucidan sus propias esperanzas de alcanzar una vida valiosa a pesar de las propias bajas tendencias.

Yoko Maki y todos los actores están formidables, pero sin duda destaca el personaje de la abuela, encarnada por la genial Kilin Kiki. La película es una joya intimista, reposada, ambivalente en su dulzura y amargura, la dulzura de la esperanza en la posibilidad del hombre de cambiar el rumbo de su vida y la amargura de la desesperanza de recuperar las oportunidades perdidas.